martes, 29 de abril de 2008

Solemnización de la Santa Unión de Pedro y Julián

Preparada y oficiada por el Capellán Laico de la
Libre Congregación Unitaria de México:
Francisco Javier Lagunes Gaitán

Atzcapotzalco, DF, 20 de enero de 2007

teléfono: 5378.7808 Celular: 04455.2021.1837
Correo electrónico: serviciounitario@gmail.com



I. Palabras de Bienvenida


Oficiante: ¡Sean muy bienvenidos todos, familiares y amigos de José Pedro y Julián! En esta gran ocasión celebramos el amor que nuestros hermanos comparten. La presencia de ustedes este día aumenta el gozo y la felicidad que sentimos en nuestros corazones.

Este es un día de gran belleza, gran amor y también es un día de sentimientos encontrados. Julián y José Pedro llegan a este día con la más profunda gratitud, al saber cuán bendecidos han sido al estar rodeados de gente que los ama, que reconoce el valor de su relación. Pero al mismo tiempo no podemos olvidar en este gran día a toda la gente que experimenta ese amor que no se atreve a decir su nombre, y permanece oculta en sus comunidades de fe, en medio del temor al rechazo y la incomprensión.

Por aquellos amigos que siguen luchando consigo mismos para aceptar el don que Dios ha colocado dentro de ellos, y por todos los oprimidos del mundo, ofrezcamos un momento de oración silenciosa.

[Minuto de oración silenciosa]


II. Letanía antífona por Reinhold Neibuhr


Oficiante: Nada valioso puede lograrse en el plazo de una vida;

Pueblo: por ello debemos orar por la esperanza.

Oficiante: Nada verdadero, bello o bueno adquiere completo sentido en cualquier entorno inmediato de la historia;

Pueblo: por ello debemos orar por la fe.

Oficiante: Nada que hagamos, no importa cuán virtuoso, puede lograrse en solitario;

Pueblo: por ello debemos orar por el amor.


III. Invocación

Oficiante: «Queridos hermanos, debemos amarnos unos a otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama es hijo de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.» (1 Juan 4.7-8)


IV. Encendido del cáliz


Oficiante: ¡Preparemos nuestro espíritu para el amor y el regocijo!

José Pedro y Julián serán bendecidos hoy con la celebración solemne de su Santa Unión, y es su deseo compartir su amor y su alegría con ustedes.

Madrina:

Al celebrar con ellos, también demos gracias por todos aquellos que han compartido amor y sabiduría con nosotros y renovemos nuestra fe en el poder del amor que nos sostiene, que nos nutre, y nos hace uno, a pesar del tiempo, de la muerte y de todo el espacio entre las estrellas.

Encendemos este cáliz con reverencia por ese Espíritu de Amor e Integridad.

[El padrino enciende el cáliz]


V. Palabras de Plantemiento

Oficiante: Amigos y amigas, Julián y José Pedro nos han invitado hoy para compartir, en presencia de Dios, la celebración de su Santa Unión. Por ello me han llamado, como capellán Unitario, para ayudarlos a celebrar y dar fe de su amor.

Nos reunimos hoy, no para señalar el inicio de una relación, sino para reconocer la unión amorosa que ya está presente. Esta Santa Unión es una expresión entre las muchas variedades del amor. El amor es uno, aunque las expresiones de ese único amor son infinitas.

Vivimos en un mundo de dicha y temor, buscamos el sentido de las cosas y la fortaleza en nosotros, en medio de un desorden aparente. Descubrimos la más verídica respuesta a nuestra búsqueda cuando nos percatamos del amor en todas sus magnitudes. El amor es la fuerza eterna de la vida. El amor es la fuerza que nos permite enfrentarnos con valor al miedo y a la incertidumbre.

La Santa Unión es un estado honorable y sacratísimo concedido por Dios a José Pedro y Julián para su felicidad mutua. Dios otorgó a la humanidad la bendición del compañerismo justo después de otorgarnos la vida misma. Y Jesús, en su ministerio de amor sin condiciones, impartió las bendiciones divinas de la integridad y la realización plena a toda la gente, sin importar su situación ante la Ley, o su condición de nacimiento, o las circunstancias de su crianza, según la cultura dominante en su época.

Seamos concientes de que esta solemnización de la Santa Unión no es para entrar en ella sin reflexionarlo bien, ni para tomarla a la ligera, sino de manera reverente, deliberada, honesta y sin reservas; de acuerdo a los propósitos para los que Dios la destinó, y con la seriedad de buscar la bendición de Dios, y de responder a las demandas del pueblo de Dios.

VI. Afirmación de Intenciones
Oficiante: José Pedro, ¿Aceptas compartir tu vida con Julián, libremente y de buena voluntad, con buenas intenciones y con la conciencia limpia, en una santa alianza de amor y fidelidad?

José Pedro: Sí, acepto.

Oficiante: José Pedro, ¿Tienes otro compromiso incompatible con esta Santa Unión?

José Pedro: No, no lo tengo.

Oficiante: Julián, ¿Aceptas compartir tu vida con José Pedro, libremente y de buena voluntad, con buenas intenciones y con la conciencia limpia, en una santa alianza de amor y fidelidad?

Julián: Sí, acepto.

Oficiante: Julián, ¿Tienes otro compromiso incompatible con esta Santa Unión?

Julián: No, no lo tengo.

VII. Reconocimiento de la Comunidad Reunida


Oficiante: ¿Quiénes son los que apoyan a esta pareja?

Pueblo: Somos nosotros.

Oficiante: ¿Harán todo lo que esté en sus manos para proteger sus personas, sus propiedades, su honor, y para sostener y apoyar la alianza que establecen el uno con el otro?

Pueblo: Sí, lo haremos.

Oficiante: ¿Celebrarán la bondad de la gracia de Dios evidente en la vida en común de esta pareja?

Pueblo: Sí, lo haremos.

Oficiante: Todos ustedes, que atestiguan los votos de esta alianza ¿Harán todo lo que esté a su alcance para guiar respetuosamente, sostener fraternalmente y apoyar a esta pareja en su vida en común?

Pueblo: Sí, lo haremos.

Oficiante: ¿Conceden su bendición a esta nueva familia, entre la gran familia humana?

Pueblo: Sí, los bendecimos.

VIII. Bendición de Proximidad


Oficiante: Bendito sea el único y santo Dios viviente.

Pueblo: Y bendito sea el Reinado de Dios, ahora y por siempre. Amén.

Oficiante: Que el Espíritu sea con ustedes.

Pueblo: Y contigo también.

Oficiante: ¡Unamos nuestras mentes y nuestros corazones en oración!:

Oh, Dios, tú nos provees de todo lo que necesitamos para nuestra salvación y nos has ordenado amarnos los unos a los otros y perdonarnos los unos a los otros: Bendice a Julián y José Pedro, pues se aman el uno al otro y han venido a este lugar a unir sus vidas con tu bendición y la bendición de su gente. Concédeles el amor imperecedero y la verdadera fidelidad: pues tú, oh, Dios, eres el dador de todas las cosas buenas y te bendecimos por siempre jamás. Que así sea.

Pueblo: Amén.

Oficiante: Ofrezcamos un momento de meditación, para centrarnos en la presencia del amor en nuestras vidas.


IX. Homilía


Oficiante: Esta ceremonia de Santa Unión no es sino una expresión externa de un vínculo sagrado interior que existía ya en los corazones de quienes hoy nos han escogido para dar testimonio de la expresión ritual de su compromiso y del sello de su unión en nuestra amorosa presencia. Nuestro servicio no marca el inicio de una relación, sino una transición. José Pedro y Julián ya han creado, y deben continuar nutriendo, el vínculo de amor que comparten. Este acto externo, entonces, no es sino un símbolo de aquello que es real e interno. Nosotros no los unimos.

Es, sin embargo, profundamente significativo que nos reunamos para afirmar que Julián y José Pedro expresan claramente y reconocen las dimensiones más profundas y espirituales del compromiso que existe entre ellos. La mayoría de nosotros los conocemos hace tiempo como pareja. Al pedirnos que demos testimonio y afirmemos su pareja en este servicio, José Pedro y Julián dicen: ¡Sí! Desde luego que somos compañeros de vida; ¡Sí! Pública, oficial y fervientemente declaramos nuestra unión. Que tal unión los confirme y sostenga a lo largo de sus vidas; y que les traiga gran regocijo.

Julián y José Pedro, permítanme decirles que me siento honrado de que me hayan pedido oficiar este servicio para ustedes. Sé que se aman profundamente y que su compromiso es lo suficientemente fuerte para hacer frente a los muchos desafíos de la vida. Sé que los dos aman la risa y tienen gran capacidad para divertirse. Sé que son personas maduras que cuentan con el espíritu independiente capaz de construir relaciones sólidas.

Me recuerdan un poema de Marge Piercy, que inicia así:

«Aprender a amar de manera diferente es difícil, a amar con las manos abiertas, a amar con las puertas girando sobre sus goznes, con el clóset abierto, con el viento que ruge y gime en las habitaciones haciendo que las colchas susurren y chasqueen las persianas que golpean como bandas de hule sobre una palma abierta».

Sé que han estado juntos lo suficiente y han atravesado suficientes desafíos para saber lo que significa amar con las manos totalmente abiertas, dejándose el espacio suficiente para ser las personas que cada uno necesita ser. Es difícil amar de esta manera; no aferrarse, apretar o controlar, sino más bien tratarse mutuamente con fluidez, flexiblemente. Aplaudo su compromiso de amarse así.

Marge Piercy concluye así su poema:

…«el ritmo de nuestro vínculo desatado, de tener y no retener, de amar con mínima malicia, ansia e ira, momento a momento –equilibrado».

Al entrar en la nueva etapa de su relación que marca esta ceremonia, mi mejor consejo es que presten atención a estas imágenes de manos completamente abiertas, vínculo desatado, y tener pero no retener. Ámense uno al otro profundamente, pero siempre con un sentido de libertad.

X. Lecturas Bíblicas


Madrina:

Sea la palabra de Dios lámpara para alumbrar el camino que juntos prosiguen, ahora como Santa Unión.

[Entrega la Sagrada Escritura a la pareja]

Padrino:

«Más valen dos que uno, pues mayor provecho obtienen de su trabajo. Y si uno de ellos cae, el otro lo levanta. ¡Pero ay del que cae estando solo, pues no habrá quien lo levante! Además, si dos se acuestan juntos, uno a otro se calientan; pero uno solo, ¿cómo va a entrar en calor? Uno solo puede ser vencido, pero dos podrán resistir. Y además, la cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente» (Eclesiastés 4:9-12)

Padrino:

«¡Vean qué bueno y agradable es
que los hermanos vivan unidos!
Es como el buen perfume
que corre por la cabeza de los sacerdotes
y baja por su barba
hasta el cuello de su ropaje.
Es como el rocío del monte Hermón,
que cae sobre los montes de Sión.
Allí es donde el Señor envía
la bendición de una larga vida.
» (Salmo 133)

Oficiante: Alabemos al Dios de Vida y Verdad.

Pueblo: ¡Aleluya!

Padrino:

«No juzguen a otros, y Dios no los juzgará a ustedes. No condenen a otros, y Dios no los condenará a ustedes. Perdonen, y Dios los perdonará. Den a otros, y Dios les dará a ustedes. Les dará en su bolsa una medida buena, apretada, sacudida y repleta. Con la misma medida con que ustedes den a otros, Dios les devolverá a ustedes.» (Lucas 6.37-38)

Oficiante: Aquellos que viven en el amor, viven en Dios y Dios en ellos. Esta es palabra de Dios.

Pueblo: Alabado sea lo Más Alto.

XI. Ceremonia de las Velas


[La pareja se pone de pié]

Oficiante: Amigos reunidos, hermanos Julián y José Pedro, en nuestras vidas tenemos la oportunidad de experimentar y reconocer diversos dones. El don del amor no nos es dado de una vez y para siempre, el amor es un arte que siempre hemos de aprender y perfeccionar. Día a día.

En alguna parte, en alguna ocasión en la jornada humana llega un momento de profunda esperanza, Un momento de gracia. Este es ese momento. Porque el tiempo nos lleva a todos a donde elegimos ir y también a donde no elegimos ir, las cosas no serán siempre como son hoy. A donde sea que los lleve el tiempo, les damos estas tres velas con la esperanza de que les ayudarán a mantener su amor tan cálido y dador de vida como la luz misma.

La primera invitación es a que preserven su individualidad. Las dos velas externas que hoy encenderán representan sus dos soledades. Ustedes son, y siempre serán, dos personas distintas, diferentes. Nada que digan o hagan podrá cambiar esto. Provienen de experiencias diferentes. Sus historias separadas y únicas han dado forma a sus convicciones, a sus valores, a sus sensibilidades. Con esta única combinación de sus dos individualidades, ambos han creado una luz nueva, simbolizada por el cirio central. La individualidad no es enemiga de la unidad; más bien es lo que hace posible la unión, que se ve enriquecida por sus diferencias.

La luz de las velas exteriores no se extingue por la luz del cirio central y éste sólo recibe su luz de las otras dos.

Que la flama de la primera vela les recuerde mantener siempre su propia individualidad.

[José Pedro enciende la primera vela]

Oficiante: La segunda invitación es a que sigan siendo amigos. Estoy al tanto de que su relación tiene un fundamento firme en la amistad. Se basa en el rico ambiente de la amistad … en pasar tiempo juntos, en intercambiar ideas, en descubrir y explorar juntos un mundo de intereses compartidos. La salud de su unión siempre se medirá por el estado de su amistad.

Que la flama de la segunda vela les recuerde seguir siendo amigos.

[Julián enciende la segunda vela y ambos leen alternadamente]

Julián: Nuestro amor no es solo de la mente, sino del corazón.

José Pedro: Nuestro amor no es solo del alma, sino del cuerpo.

Julián: Nuestro amor nos eleva a los cielos, aunque está enraizado profundamente en la tierra.

José Pedro: Nuestro amor ofrece toda una vida y aún más allá, de un día a la vez.

Julián: Nuestro amor abre amplios nuestros brazos y se enfoca en nuestra fidelidad.

José Pedro: Nuestro amor renuncia a las exigencias y ofrece sus mejores esperanzas.

Julián: Nuestro amor crea un hogar y construye una familia.

José Pedro: Nuestro amor consagra un santuario para los dos, y para todos aquellos a quienes queremos y apreciamos bien.

Julián: Nuestro amor glorifica a Aquel que nos hizo a su imagen y semejanza, y a los sabios bienaventurados que nos han inspirado.

José Pedro: Nuestro amor agradece a Aquel que primero nos amó y nos inspiró a amarnos el uno al otro.

Oficiante: La tercera invitación es a darse mutuamente espacio para crecer. El amor que se prometen hoy es un pacto de amor, un prolongado amor sufriente. El compromiso al que dan voz hoy aquí es un pacto, no un contrato. Los pactos son flexibles y dinámicos, no estáticos ni grabados en la piedra. No siempre serán quienes son, ni estarán donde están hoy. Han de crecer y cambiar.

Que la flama de la tercera vela les recuerde que se den mutuamente espacio para crecer.

[Ambos encienden juntos el cirio central]

Oficiante: En cada uno de nosotros hay una chispa resplandeciente de divinidad, una cálida fuente de energía, compasión y sabiduría. José Pedro y Julián, les encomiendo hacerse cargo del privilegio de ser guardianes de la flama en el alma del otro. Que el brillo de esta vela que han encendido juntos los acompañe a lo largo de su vida juntos, les provea del valor y la tranquilidad en la obscuridad. Que su calor les ofrezca refugio del frío. Y que su energía llene su espíritu con fuerza y gozo. El gran pensador religioso Albert Schweitzer dijo una vez: «Hay momentos en los que nuestra luz se extingue y es vuelta a encender por otra persona. Cada uno de nosotros tiene razones para pensar con profunda gratitud en aquellos que han encendido la flama en nosotros.»

Cualquiera de estas velas puede extinguirse, así como, de tiempo en tiempo, el poder y la bondad de su espíritu, o de su unión, puede alterarse. Pero sería casi imposible –debido al espacio entre cada vela– que todas sus flamas se extinguieran simultáneamente. Que sea esta una fuente de sabiduría para sus vidas. Honren su luz individual, así como a la luz de su unión. Y si en uno u otro momento una luz parpadea, vacila, o se extingue, tomen el consuelo y el valor de la luz que todavía brille y úsenla para volver a encender las otras.


XII. Intercambio Solemne de Votos


[Para la declaración solemne de votos la pareja se toma de la mano derecha y pronuncia sus votos]

Oficiante: A continuación, José Pedro y Julián harán la declaración solemne de sus votos de Santa Unión.

Julián: José Pedro, en presencia de Dios y de nuestros amigos y familiares, me entrego a ti y te tomo como mi bienamado, para amarte, confiar y deleitarme en ti. Compartiré tus cargas y tus dichas. Iré contigo dondequiera que Dios nos llame juntos. Prometo solemnemente que, con la ayuda divina, permaneceré junto a ti como una pareja amorosa y fiel, a lo largo de nuestro camino.

José Pedro: Julián, en presencia de Dios y de nuestros amigos y familiares, me entrego a ti y te tomo como mi bienamado, para amarte, confiar y deleitarme en ti. Compartiré tus cargas y tus dichas. Iré contigo dondequiera que Dios nos llame juntos. Prometo solemnemente que, con la ayuda divina, permaneceré junto a ti como una pareja amorosa y fiel, a lo largo de nuestro camino.


XIII. Intercambio de Muestras (anillos y arras)


[La bendición de los anillos]

Oficiante: El amor que se da libremente no tiene principio ni final. Estos anillos simbolizan este ciclo interminable del amor. Que siempre les recuerden los votos que tomaron este día, y al Amor Eterno que nos es dado abundantemente a todos. Fuente de Vida, Espíritu de Libertad, Alma de la Creación, te rogamos que estos anillos sean un símbolo de este compromiso: que dondequiera que vayan, regresarán el uno al otro, que lo que sea que compartan mutuamente; sus vidas están unidas ya en el amor y la confianza. Que así sea.

Pueblo: Amén.

[La pareja intercambia anillos]

José Pedro: Julián, con este anillo me uno a ti; con mi cuerpo te adoraré, con todo lo que tengo y soy te honraré, amado mío. Recíbelo y atesóralo como un signo de mi promesa solemne.

Julián: José Pedro, con este anillo me uno a ti; con mi cuerpo te adoraré, con todo lo que tengo y soy te honraré, amado mío. Recíbelo y atesóralo como un signo de mi promesa solemne.

[La pareja sigue tomada de la mano derecha hasta darse la paz]

[Bendición de las arras, los contrayentes se intercambian la mitad de las arras]

Oficiante: Bendita sea la tierra que produjo el metal de estas arras y bendito sea el trabajo del obrero que las acuñó. Te rogamos, Oh, Padre y Madre del Universo, que estas arras sean un signo de la ayuda mutua y la responsabilidad compartida que tus hijos se prometen el uno al otro y de los lazos que fortaleces entre ellos. Que así sea.

Pueblo: Amén.

Julián: José Pedro, recibe también estas arras, son prenda del cuidado que tendré de que no falte nada y todo se aproveche en nuestro hogar.

José Pedro: Julián, recibe también estas arras, son prenda del cuidado que tendré de que no falte nada y todo se aproveche en nuestro hogar.


XIV. El Lazo del Apoyo

[Se coloca el lazo alrededor de la pareja, y los padrinos hacen un círculo, tomados de las manos, alrededor de ellos]

Oficiante: Un proverbio africano nos enseña que se necesita todo un pueblo para criar a un niño. Aunque Julián y José Pedro ya no son niños, sigue siendo verdad que necesitarán una comunidad de amigos para apoyar a su pareja durante su vida en común. Ustedes, padrinos y madrinas, representan a esta comunidad de amigos.

Oh, Fuente de Vida y Amor, humildemente te pedimos que el lazo que los une ahora simbolice el abrazo solidario y la bendición de la comunidad que los arropa. Que así sea.

Pueblo: Amén.

[Los padrinos ponen sus manos sobre los hombros de la pareja y el oficiante sobre sus cabezas]


XV. Palabras de Solemnización


[Bendición previa]

Oficiante: Ahora que José Pedro y Julián se han entregado mutuamente con votos solemnes, al unir sus manos y darse anillos y arras para simbolizar su compromiso, arropados por el abrazo solidario de esta amorosa comunidad ¡Que el Dios bendito que habita en los cielos, la tierra y los mares –y en el corazón y espíritu de cada criatura– bendiga esta unión en presencia de esta comunidad!. Que Dios se haga presente en su vida juntos; que el amor entre ustedes crezca y florezca; y que sean una unidad, en paz con ustedes mismos y con la creación, para bien del mundo. Que así sea.

Pueblo: Amén.

[Pronunciamiento]

Oficiante: En Presencia de lo Más Alto, por la Autoridad Plenaria de la Vida Misma, y en Ejercicio del Sagrado Sacerdocio de Todos los Fieles:

Por el día que nos ha sido dado para vivir. Y por el ciclo de las estaciones a través del cual nuestras vidas deben atravesar y transformarse. Por el amor de los amigos que honra y apoya esta relación amorosa. Y por los sufrimientos y el dolor por el que han atravesado sus vidas en soledad. Por la larga y a veces solitaria lucha de nuestra gente por conseguir la libertad de amar. Y por el deleite y esperanza que han encontrado el uno en el otro.

Es un honor y un placer para mí declararlos solemnemente establecidos en Santa Unión. ¡Que todos los demás respeten el umbral de su hogar!


XVI. Plegaria Final

Oficiante: Dios Eterno, Creador y Preservador de toda la vida, autor de salvación y dador de toda la gracia. Ve por el mundo que has hecho y, especialmente, ve por Julián y José Pedro, a quienes has reunido en sacratísima Santa Unión. Que así sea.

Pueblo: Amén.

Oficiante: Concédeles la sabiduría y la devoción para ordenar su vida en común, de manera que uno pueda ser para el otro una fortaleza ante la necesidad, un consejero ante la perplejidad, un consuelo en la pena, y una compañía en la dicha. Que así sea.

Pueblo: Amén.

Oficiante: Concédeles la gracia, cuando se lastimen el uno al otro, para reconocer sus errores y buscar el perdón del otro y el Tuyo. Que así sea.

Pueblo: Amén.

Oficiante: Dales la paz para que puedan vivir juntos en el amor, sin pena ni temor, sin ofensa ni escándalo, por todos los días de su vida. Que así sea.

Pueblo: Amén.

Oficiante: Haz de su vida juntos un signo de tu amor hacia este imperfecto y sangrante mundo, que la unidad pueda sobrepasar la separación, que el perdón cure la culpa, y la dicha conquiste la desesperación. Que así sea.

Pueblo: Amén.

Oficiante: Concede que todas las parejas que han presenciado esta celebración puedan encontrar fortalecidas sus vidas y confirmadas sus lealtades. Que así sea.

Pueblo: Amén.

La Pareja: Gracias te damos, Dios de Amor y Vida, por bendecir nuestra Santa Unión, en tu nombre y en tu presencia. Condúcenos hacia un mayor compañerismo del uno con el otro, y de ambos Contigo. Danos la gracia de vivir juntos en fidelidad y amor, cuidándonos mutuamente: Fortalécenos todos los días y llévanos hacia una vida de plenitud espiritual. Que así sea.

Pueblo: Amén.

Oficiante: La paz del Espíritu sea con ustedes.

Pueblo: Y contigo también.

[La pareja se da la paz entre sí, y con los padrinos]


XVII. Ceremonia del Vino


Padrinos:

«Ámense el uno al otro, pero no hagan una atadura de su amor: Que mejor sea como el mar, que vaya y venga entre las orillas de sus almas. Llenen la copa del otro, pero no tomen de esa misma copa.» (Gibrán Jalil Gibrán)

Oficiante (Boré Peri Hagafen / Bendición del Vino):

Baruj Atá A-do-nai E-lo-héinu mélej haolám boré peri hagáfen.

Alabado seas Dios nuestro, rector del universo y creador del fruto de la vid. Que así sea.

Pueblo: Amén.

[Cada uno llena la copa del otro, pero luego bebe de su propia copa, se invita a todos los asistentes a tener servida a la mano una bebida de su elección. Luego el oficiante pide un brindis por la felicidad de la pareja]

Oficiante: Para los pueblos del mediterráneo el vino representa la felicidad. Ahora bébanse el uno al otro, al llenar la copa del otro, como lo dice Gibrán, pero beban de la suya propia. Recuerden que lo que más importa no es la copa, sino el vino de la vida dentro de ella. Pueden enriquecer mutuamente sus vidas, pero deben beber de su propia vida.


XVIII. Firma del Certificado


XIX. Instancia a la Pareja Solemnizada


Padrinos:

«Por sobre ustedes están las estrellas
Por debajo de ustedes están las piedras
Conforme pasa el tiempo
Recuerden…

«Como una estrella deberá su amor ser constante,
Como una piedra deberá su amor ser firme.
Sean cercanos, aunque no demasiado cercanos
Poséanse el uno al otro, pero sean comprensivos.

«Tengan paciencia el uno con el otro
Pues tormentas han de venir, pero se irán pronto.
Sean generosos en darse afecto y calidez.

«Hagan el amor seguido, y sean sensuales el uno con el otro.

«No teman y no permitan que las maneras o las palabras
De quienes carecen de luz los incomoden.
Pues el Espíritu está continuamente con ustedes,
Ahora y siempre.
»


XX. Bendición Final (unísona)


Oficiante y Pueblo:

Salgamos al mundo en paz, Seamos valerosos, Aferrémonos a lo que es bueno, No retribuyamos a ninguna persona mal con mal, Fortalezcamos a los que sufren, Apoyemos al débil, Ayudemos a quien sufre, Honremos a todos los seres. Que así sea. Amen.

Oficiante: Reciban mi felicitación. Vayamos todos llenos de energía por la gracia que se expresa en este amor. Ahora los novios pueden expresar su amor con un beso.